Milton

Manual del Confinado, "leson tri"

Les advierto que esta tercera lección, leson tri para los angloparlantes, es esencial para graduarse con honores en el telemaster de Experto Superior en Confinamiento. Los conocimientos que adquirirán hoy sobre cómo liberar el espacio necesario en el domicilio para que el confinado pueda construir su rutina diaria, serán esenciales para la supervivencia durante este largo periodo de privación de libertad.

Desde luego, la mejor forma de pasar un confinamiento es estando preso, porque es entonces el Estado el que te ofrece el espacio, te organiza la agenda, corre con todos los gastos y, además, te cuenta para cobrar el paro. Aunque, si no les ha dado tiempo a cometer ningún delito que justifique su encarcelamiento, lo mejor es fabricarse en casa el espacio físico que le permitirá construir su rutina para tener ocupado el tiempo.

Les advierto que no tiene nada que ver con las bobadas esas que nos muestran por la tele de lo que la gente hace en sus casas. Aficionados.

Para los que tengan hijos, lo mejor para la convivencia es darles también su espacio. Métalos en el armario o en el trastero, donde menos ruido hagan.

Si tienen pareja es sin duda el mejor momento para la ruptura. Siempre, claro está, que el confinado sea el titular de la vivienda y ella o él no sea inmensamente rica/o y partidaria/o del régimen económico matrimonial en gananciales. En estos casos, no sea inflexible, déle otra oportunidad al amor.

Otro capítulo son las mascotas. Como la mayoría de la gente tiene animales pequeños de legua larga, lo más práctico es hacer con ellos un ovillo y lanzarlos a la terraza del vecino. Cuando se ponga a ladrar y el vecino salga sorprendido a comprobar de dónde salen esos ladridos, usted le pide desde su ventana que calle al perro porque así no hay forma de echar la siesta. Sea educado, la educación es fundamental para superar los periodos de confinamiento.

Si su perro es de esos en plan mastín leonés o especie similar de caballo ladrador, lo mejor es que sea el confinado el que se arroje al balcón del vecino y se ponga a ladrar meneando el rabo a ver si le dejan quedarse -lo de meneando el rabo es metafórico, que hay mucho confinado guarruno-. Los perros grandes no llevan bien que se les lance por el aire y tienen unos dientes enormes.

De esta forma dispondremos del espacio suficiente para crear nuestra propia rutina de confinamiento, algo que les enseñaré el próximo día en la leson for.

Bueno, salvo que las vecinas de arriba sean un grupo de caribeñas de curvas voluptuosas que sepan bailar asidas a una gruesa barra de acero.

En ese improbable caso, lo mejor es caer de rodillas en el descansillo y, entre lágrimas, dar gracias al cielo por los favores recibidos. ¡Ah! y llame a sus amigos para contárselo y que se fastidien.


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