Milton

Manual del Confinado, "leson tú"

Bien, si hace un par de días les instruí sobre la naturaleza jurídica y el concepto de confinado, incluyendo sus sagradas obligaciones de intentar la fuga y mentir como un bellaco, hoy pasaremos a la lección dos o leson tú, como decimos los de Eton: la compra de víveres y pertrechos.

Como habrán visto en estos días, los confinados no profesionales suelen dejarse llevar por el pánico a la hora de proveerse de los necesario para la supervivencia durante el periodo de confinamiento, lo que provoca episodios de desabastecimiento en mercados y grandes superficies.

No obstante, el confinado profesional, que siempre es de colegio de pago, nunca comete semejante vulgaridad, pues siempre compra sus pertrechos en las tiendas gourmet o en aquellas zonas vip de los supermercados de lujo. De hecho, en mi última voluntad ante notario he expresado mi deseo de que esparzan mis cenizas en la Boutique del Gourmet de El Corte Inglés.

Y olvídense de comprar como si fueran a abastecer a una Bandera de La Legión cuando se va de maniobras. Eso lo hace el aficionado o el ama de casa desesperada que, incapaz de aceptar la fatalidad de su destino, aún conserva la esperanza de que sus hijos crecerán felices en una Europa justa, libre y democrática. Si no es por el coronavirus, ya se encargará la Agencia Tributaria o el Patronato de Recaudación de que eso no suceda.

Un confinado profesional ha de obrar a imagen y semejanza del conde de Montecristo. Deberá proveerse únicamente de cervecillas, tintos que se precien -personalmente recomiendo que no sean de la Ribera del Duero, están sobrevalorados-, alguna lata de caviar iraní para el aperitivo con la cervecita, tal vez unos percebes si uno es un caprichoso. Por supuesto una caja de puros habanos, fundamentales para esperar con la obligada elegancia la llegada del chico del exclusivo restaurante próximo que trae la comida.

Por eso el Real Decreto que declara el Estado de Alarma permite pedir comida a domicilio, para que quede claro que ninguna pandemia va a impedir que siga habiendo clases.

Es cierto que lo del desabastecimiento de papel higiénico puede parecer un contratiempo, pero un auténtico confinado es siempre un ser humano culto, por eso lee el periódico, que es históricamente el mejor sustituto del papel higiénico. Y dado que hoy todos los periódicos están en internet, el confinado deberá ir al baño con el teléfono móvil, que es donde está toda la prensa diaria.

En principio, puede resultar un medio de higiene personal algo incómodo, pero si uno tiene el último modelo de iPhone, la cosa resulta hasta con clase y distinción.

Únicamente hay que tener cuidado de que no te llame nadie cuando estás cumpliendo tan higiénica medida. Me contó mi confinado vecino que eso le ha sucedido a él, y cuando el teléfono dejó de vibrar comprendió que sus padres estaban equivocados al haberle bautizado como Enrique porque él siempre se había sentido María Jesús. De hecho le ha pedido a Apple que le patrocine una carreta para el próximo desfile del orgullo gay.


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