Milton

Medidas contra el Covid-19

Como en tantas otras ocasiones en que la Humanidad se ha encontrado frente a su total aniquilación, y el caos, la devastación y la anarquía invaden las calles, siempre me ha resultado curioso que lo primero que se acabe en los supermercados sea el papel higiénico.

Tras muchos años de reflexión sobre este peculiar aspecto de las calamidades que cíclicamente nos asolan, he logrado sacar dos conclusiones que pueden explicar este fenómeno. El primero es que la vulgar expresión “cagarse de miedo” puede no ser elegante, pero no por ello resulta incierta.

La segunda explicación que encuentro es que la peste negra del siglo XIV, la gripe española de 1918 y el coronavirus cenen fabada con guindillas picantes, que eso a mí me pasa. La última vez, después del tercer plato, no solo faltaba papel higiénico en el mundo sino tiempo para llegar al excusado, que te da esa cosita tan mala con esos ruidos, que parece que uno lleva en el bajo vientre una cría del alien cantando el último tema de Rosalía. Horrible. Y seguro que algo tan malo se contagia.

Pero aun así, teniendo claro que estamos perdidos y que esto es el fin, quiero hacer como nuestros político e invitarles a la tranquilidad, a conservar la calma, el sentido de responsabilidad y a comprar los rollos de suave tisú y tres capas de fina celulosa. De hecho el otro día había una oferta en el super de mi barrio de 100 rollos por el precio de 120. Pregunten por la promoción “Día del juicio final”.

Quienes no logren proveerse del suficiente papel para el holocausto diarréico, una opción válida es tener de mascota un perrito pequeño, peludo y que no sea de color blanco. Verás tú que al final esos chuchos carísimos van a servir para algo.

Y para aquellos que no tengan el templado carácter de un ninja, ni los nervios de acero del hermano duro de Rambo, les recomiendo que correteen en círculo por la sala de estar, medio desnudos y de modo errático, mientras se mesan los cabellos y gritan “¡Dios mío, estoy perdido!”. Si aún así no logran conservar la calma, piérdanla. Al virus le va a dar igual.


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