Milton

Smart TV con Nisflis

Existe una idea tan generalizada como equivocada de que nosotros, habitantes de los recónditos barrios de las Tierras Altas de Marbella, nos hemos quedado descolgados de la digitalización. Para que se vayan enterando, en mi gruta yo tengo smart TV y Nisflis.

Que sepan los que no han tenido la suerte de estudiar ingli en Eton como el firmante, que esto es, aunque parezca una contradicción, lo de la televisión inteligente.

Es cierto que cuando el propietario de mi zulo me contó lo de la smart TV, yo creí que me había alquilado un coche pequeñito al que le había puesto un televisor en el salpicadero, pero no es así. Para ustedes, que seguro que no están muy puestos en esto del 5G, que sepan que tampoco se trata de un punto específico que provoque efecto alguno en el estado de ánimo de las valkirias multiplicado por cinco, sino que es una forma moderna de ver pelis guarrunas muy deprisa.

Y ahí es donde entra Nisflis, que yo pensé que era como cuando te vas a reflexionar a Puerto Banús y le pones cinco euros en el refajo a la joven que se entrena para las Olimpiadas asida a una gruesa barra de acero. Pues no es así, no va de deportes.

El tema es que, una vez que has pagado, puedes ver en tu smart TV un circulito rojo dando vueltas con un cartel que dice “no se puede ofrecer el título solicitado. Inténtelo más tarde”.

Esto, sin duda alguna, es el futuro; es como las pelis guarrunas codificadas, cuando lo importante no era lo que veías sino lo que imaginabas. Que eso lo hacían los viciosos; lo sé porque me lo han contado. En fin, que lo que se lleva ahora no es ver tres cuartos de hora de anuncios interrumpidos por la película, sino ser muy smart.

Lo que de verdad está de moda, para los que nos movemos en Nisflis, es ver series, que hasta los de mi sucursal de Abarca y Devora Ltd. Bank han producido la suya propia y cuando te conceden una hipoteca tienes derecho a ver tantos capítulos como mensualidades has de pagar, y aparece el apoderado del banco en tu smart TV amenazándote con quitarte la casa si respiras dos veces más de la cuenta y te advierte de que dejará en la calle a tus hijos, y si no tienes hijos, el director de la sucursal te presta los suyos por una comisión de 45 euros al mes con derecho a que te denuncien por maltrato ante el fiscal de menores.

Para que se enteren los que se creían que en mi recóndito barrio de las Tierras Altas nos chupábamos el dedo.


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