Milton

Los "rigular"

La pandilla de las cervecillas me ha engañado con el regalo de mi cumple, cuando me entregaron una tarjeta para comprar en un afamado comercio de ropa para modernos de esos de tupé, barba recortada y patinete eléctrico.

La tienda en sí no estaba mal; una de esas franquicias donde venden prendas fabricadas en el tercer mundo con mano de obra semiesclava pero respetando la igualdad de oportunidades y las cuestiones de género. Ya saben pringan igual hombres, mujeres y niños.

En fin, que me acerco al dependiente fashion y, así como por lo bajillo, como el que va a comprar Viagra a la farmacia sin que nadie se entere -que eso a mí no me ha pasado, que me lo contó un conocido-, le pido unos vaqueros de los de toda la vida. No las mallas de ballet que llevan ahora los jóvenes, sino de esos que te podías poner con cierta dignidad a pesar de la barriguilla cervecera.

“Los rigular”, me indica el moderno empleado, “no los slim”. Querrá decir los "regular". “No, rigular, que se dice in ingli”, insiste.

Y yo sin el pasaporte. Bueno muchacho, pues dáme los "rigular" de toda la vida.

Una vez me los probé, percibí que los "rigular" eran un poco más estrechos que los "regular" de siempre, los hecho como Dios manda. Pero bueno, qué es hoy como Dios manda si ni el invicto caudillo está en el Valle.

¡Ah!, pero la venganza de los modernos venía servida en plato frío y, al ponérmelos tras el primer lavado, justo al subírmelos con varonil impulso, comprendí que ese sería el último impulso de esas características que daría en mi vida.

El apretón en el bajo vientre fue de tal intensidad que, justo en ese momento, empecé a convencerme de que lo mío era la gimnasia rítmica y de que mi nombre artístico debería ser Penélope. También pense en lo de fundar una ONG llamada "Eunucos Sin Fronteras" y pedir subvenciones públicas para un colectivo olvidado e injustamente tratado por la historia.

Finalmente, logré quitarme los "rigular" y, al volver a circular la sangre por todos los apéndices de mi cuerpo, recuperé el resuello y el sentido común. Al menos gran parte de él pues admito que, tras mi experiencia con los "rigular", Penélope me sigue pareciendo un nombre ideal.


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