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El test

Milton

Domingo, 28 de Enero de 2024

Mal asunto, el otro día empecé a moquear y a toser y sospeché lo peor. Sobre todo cuando en el autobús le estornudé a un señor y vi esas cosas verdes que se movían solas por su cara. Entonces fue consciente de la fatalidad de mi destino.

Rápidamente me dirigí a la farmacia a comprarme un test que me revelara lo aciago de mi futuro, consciente de que, de dar un resultado positivo, mi vida cambiaría radicalmente.

Una vez en mi gruta, cogí la varilla esa y la ensarté en mi nariz con la maestría de Curro Romero cuando le apetece torear. Cumplí todo lo que me indicaban las instrucciones y, mientras esperaba el resultado, no pude evitar ponerme a pensar en qué pasaría si el resultado era positivo y era niña. ¿Me veo capaz de ser padre monoparental a estas alturas? ¿Por qué me dijo ella que llevaba protección? ¿Me darán una subvención? ¿Tendré derecho de lactancia y días libres por paternidad? ¿Qué nombre le pongo? Si es chico, Moco, sin duda, pero si es chica, lo de Moca suena a tarta helada.

El mundo parecía ir en mi contra.

Y mientras yo me sumergía en este mar de dudas, apareció en la pantallita del test esa cruel, indubitada e incontestable rayita roja que indicaba que ni tenía covid, ni gripe, ni ébola, ni ladillas, ni estaba embarazado.

Reconozco que, por un lado, me provocó una sensación de tranquilidad pero, por otro, sentí cierta decepción al saber que no iba a ser padre. Yo ya me veía paseando en su carrito a mi propio virus, me habría conformado con una bacteria, incluso con un parásito, al fin y al cabo, los críos los son hasta que pasan al paro.

Me imaginaba marujeando con las otras madres en la puerta del cole, poniendo a parir a Pedro Sánchez, esperando a que saliera mi covidcito o mi gripecita para dirigirnos a casa y que ella o él hiciera los deberes mientras yo preparaba la cena. Qué decepción.

Y su madre ni ha preguntado cómo me encuentro. La muy zorra.


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