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Por Fin

Cuestión dialéctica

Milton

Domingo, 14 de Enero de 2024

Soy consciente de que entre los que tienen mis años, ese grupo escaso pero poderoso de heterosexuales, solteros y con más de 60 años deseosos de encontrar a una buena mujer que les ponga un piso y un kiosco de chuches en la Alameda, hay muchos que no dominan ni el leguaje inclusivo y progresista, ni el de la corrección política. Tranquis, estoy aquí para ayudar.

Lo primero es lo de que hay que saber entenderse con todos los colectivos. Ya no sirve el modelo de antes de echar a cualquiera a los tiburones solo porque no estaba de acuerdo contigo. Aunque también pienso que eso no es muy políticamente correcto porque, como bien dirían los animalistas, ¿qué van a comer los pobres tiburones?

Pero hoy las cosas han cambiado y lo que antes eran críos maleducados dando el coñazo en el bar en el que estabas tranquilamente tomándote la cervecita, ahora son niños interactuando. Si tu mujer, pareja, parejo o pareje, te suelta dos guantás por llegar a casa a las tantas de la madrugada cantando el “Novio de la muerte”, no es maltrato, se está emponderando. Además te mereces las leches por cantar himnos fascistas contrarios a la memoria democrática.

Porque hay otra cosa que no se puede olvidar en la progresía dialéctica: lo que hizo el caudillo de obligar a las tropas a cruzar el Ebro fue profundamente antidemocrático por no haber convocado previamente una votación para conocer la opinión mayoritaria. Además los pobres iban sin bañador ni crema solar ni ná de ná. Es casi tan inhumano como irse a comer en agosto al chiringuito del Trocadero con jersey de cuello alto. Eso no se hace.

Otra cosa importante en la dialéctica políticamente correcta es lo de la polarización. Yo sé que en nuestra época las diferencias de opiniones se solucionaban debatiendo y luego a hostias, pero eso ya se acabó. No es que el otro no esté de acuerdo contigo, es que se ha polarizado, que es lo que le pasa a un progre que discrepa y al que todavía no le has untado lo suficiente. A decir verdad, yo siempre he sido de los contrarios a la violencia, por eso prefería las descargas eléctricas, hasta que empezó a subir el precio de la luz y entonces fui original, que no es más que volver a los orígenes, y seguí con el método tradicional de convencer a leches.

Finalmente, la transversalidad, un concepto fundamental en este momento de progresismo desbordante consistente en atransvesar con la espada que usó el abuelo en el Protectorado contra los rebeldes de Abdel Krim a cualquiera que te levante la voz. No por negarte a aceptar las opiniones de los demás, es por lo de la contaminación acústica, y eso es muy políticamente correcto, creo que incluso hay subvenciones europeas para acabar con el ruido residual.

Así se fabrica un progresista. Que lo sepan.


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