Editorial

Otra ocurrencia

Pedro Sánchez anunciando ayer en Sevilla el "bono joven" de 250 euros para el alquiler.

Esa futura ley de vivienda anunciada de forma tan confusa por parte de representantes de los “dos gobiernos”, el del PSOE y el de Podemos, huele a inconstitucionalidad sin tan siquiera conocer el contenido del proyecto. A primera vista, y atendiendo únicamente a lo poco que se ha adelantado sobre la norma, no parece que  vaya a llevarse bien con el Art. 33.1 de la Constitución.

Este artículo es el que reconoce el derecho a la propiedad privada y, aunque es cierto que en sus puntos 2 y 3 limita su ejercicio por interés público o utilidad social, también lo es que, a cambio de esa limitación, obliga a los poderes públicos a indemnizar a los propietarios que han visto recortado el ejercicio de su derecho a la propiedad.

En lo que afecta a la construcción de viviendas nuevas, lo de obligar a los promotores a destinar el 30% del proyecto a vivienda social hará inviable gran parte de esas futuras construcciones, lo que implicará inevitablemente una subida de precios en el mercado inmobiliario.

Por otro lado, resulta incomprensible que el Gobierno no haya aprendido de su propia experiencia en un país en el que el escasísimo parque de vivienda social acaba a los pocos años en el mercado privado. En muchos casos porque nadie puede acceder a la adquisición de una de ellas, porque los candidatos no reúnen las leoninas condiciones exigidas por la banca española para acceder a la hipoteca, cumpliendo así la máxima de nuestros bancos de prestar dinero solo a quienes no lo necesitan.

En lo que respecta a las medidas para intervenir en el mercado del alquiler, además de plantear serias dudas de legalidad tanto ante la legislación nacional como ante la europea, resulta más que obvio que entrar en el sector como un elefante en una cacharrería solo logrará asustar a esos pequeños y medianos inversores que quieren comprar una segunda vivienda para pasar las vacaciones o para alquilar y completar sus ingresos.

Y son estos, y no los llamados grandes tenedores, los que forman el grueso del mercado inmobiliario del alquiler.

Podemos ha obligado a Pedro Sánchez a comulgar con sus infantiles planteamientos sobre fondos buitre, grandes bancos y otros malvados especuladores propietarios de decenas de miles de pisos vacíos que mantienen cerrados para inflar artificialmente los precios y exigir así a las familias alquileres disparatados e inmorales. Chorradas.

Como repiten hasta la saciedad todos los expertos, el mercado inmobiliario del alquiler en España está tan atomizado que el parque de vivienda que tienen esos grandes tenedores -calculan entre el 2 y el 5% del total- resulta insignificante para afectar a los precios.

Todo esto sin contar con que las medidas para limitar los precios de los alquileres a esos grandes propietarios con más de 10 inmuebles y para obligar a los pequeños a alquilar sus pisos a precio "razonable" chantajeándoles con un maltrato fiscal especialmente intenso -subida del IBI en un 150%-, huelen tanto a ilegalidad que el proyecto parece estar siendo redactado por gente con tan poco sentido común como conocimiento de la legislación.

Y la guinda a este nuevo despropósito de nuestro puzle gubernamental es la ayuda al alquiler de 250 euros durante dos años anunciada ayer por Pedro Sánchez como si se tratara de una idea genial.

Nuestro presidente sigue sin ser consciente de que no gobierna un parque temático de Disney.

Buen hombre, es el empleo. El principal problema es el empleo, el precio del alquiler es solo secundario, casi accesorio. ¿Para qué quiere un joven esa ayuda firmando contratos mensuales con sueldos miserables de menos de 600 euros? ¿Qué hace con la ayuda de 250 euros cuando no le renueven y vaya a la calle?

Nuestro problema, y el de nuestros jóvenes, sigue siendo la infame calidad del empleo que se crea, la precariedad, la temporalidad y los infrasueldos.

El Gobierno continúa con sus ocurrencias, auténticas estupideces lanzadas al público sin la más mínima reflexión ni consciencia sobre los efectos reales que producirán; como es el amenazador mensaje de inseguridad jurídica que esa futura ley de la vivienda envía sobre el mercado del turismo residencial o sobre grandes proyectos de construcción que crean el empleo que tanto necesitamos.

Demasiadas veces Pedro Sánchez recuerda al que se puso a jugar a la ruleta rusa con una pistola en lugar de hacerlo con un revólver.


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