Editorial

El negocio "verde"

La presidenta de la Comision Europea, Ursula von der Leyen.

Cada vez que a la Comisión Europea (CE) se le ocurre algo  para luchar contra el cambio climático, el ciudadano medio termina pagando más impuestos. Porque aunque no está claro si lo de cargarnos el planeta lo hemos provocado nosotros o era inevitable, lo que sí lo está es que lo “verde” se ha convertido en un negocio con pingües beneficios para el sector público y para un sector de la gran empresa y de la industria.

Por eso, casi resulta ofensivo que el europarasitario de turno se coloque ante los micros, como hizo a mediados de mes la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, para contarnos que las nuevas normas aprobadas para conducirnos con más celeridad a los objetivos del Pacto Verde Europeo solo piensan en salvar el planeta, el medio ambiente, las ballenas y todo eso.

En realidad, todas esas medidas aprobadas por los carísimos comisarios europeos, dirigidas a reducir en más de 55% la emisión de gases de efecto invernadero antes de 2030, son más que imposibles. Son una estupidez.

Lo que no impide, y es aquí donde está el truco, que la mayor parte de las propuestas oculten una importante carga tributaria, bien con el aumento de impuestos existentes, bien con la creación de otros nuevos, para empresas y actividades emisoras que, obviamente, terminará pagando el usuario final, el ciudadano.

Impuestos al transporte de todo tipo, por avión, marítimo o por carretera, que el transportista repercutirá luego a los precios finales. Mayor fiscalidad sobre energías contaminantes que encarecerán aún más el fraudulento sistema que padecemos de facturación por la electricidad que consumimos.

También se pagará más por la emisiones de CO2 en todas las actividades, se castigará fiscalmente a los particulares que tengan vehículos contaminantes y, a partir de 2035, hasta se prohibirá totalmente su matriculación.

Por supuesto, todo ello financiado por el bolsillo del ciudadano y sin olvidar que los famosos 140.000 millones de dinero europeo que llegarán a España irán, en buena parte, a proyectos verdes y sostenibles que beneficiarán, casi exclusivamente, a la gran empresa o industria, únicos que pueden desarrollar proyectos de esta naturaleza y envergadura. Difícilmente el carnicero de tu barrio va a poder presentar un proyecto de adaptación de su negocio a objetivos sostenibles o “verdes”.

Y por encima de todas estas memeces habituales en la Comisión Europea, lo cierto es que las metas propuestas en los plazos establecidos son inalcanzables, más aún cuando ni tan siquiera hemos empezado a recuperarnos de los efectos económicos de la actual pandemia.

La presidenta Von der Leyen lo sabe, pero el principal objetivo de la lucha contra el cambio climático no es limpiar nuestra atmósfera sino el bolsillo del contribuyente. Lo "verde" convertido en un lucrativo negocio para grandes empresas y para el sector público que vuelve a tener como cliente al ciudadano medio. Más de lo mismo.

No es el momento de luchar contra el cambio climático, es el momento de salvar a la gente y a sus negocios.

Cuando nos recuperemos, si nos recuperamos, ya nos preocuparemos por el medio ambiente, el planeta y las selvas tropicales. Seguro que a Bruselas hasta se le ocurre inventar algún impuesto para salvar a las ballenas y a los osos polares.


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