Editorial

Una chorrada de Presupuestos

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en la rueda prensa tras aprobar los Presupuestos el Consejo de Ministros.

Hasta la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, sabe que las previsiones de ingresos que incluye el Proyecto de Presupuestos Generales que acaba de presentar son, sencillamente, una falacia. De hecho, lo más probable es que Bruselas los rechace y condicione nuestro acceso a esos 140.000 millones, que nos endeudarán durante generaciones, a un proyecto mínimamente serio. Este no lo es.

Mientras todos los organismos financieros internacionales y hasta la Comisión Europea, que no son en absoluto sospechosos de pretender ayudar a la gente, recomiendan que es el momento de no subir impuestos habida cuenta de la situación económica creada por la pandemia, nuestro arrogante Gobierno sigue empeñado en que las cuentas públicas trabajen para la empresas del Ibex-35 y para los fondos buitre.

Todos sabemos, y no hay que ser John Kenneth Galbraith para darse cuenta, de que las subidas de impuestos anunciadas a bombo y platillo por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, son de dos tipos: Las que pretenden dar la sensación de que, por primera vez, los ricos pagan más y, en segundo lugar, aquellos otros que, como le sucede a la mal llamada tasa Tobin o a el impuesto a las tecnológicas, no afectarán al ciudadano medio.

El Gobierno sabe que, sencillamente, es mentira. Como ha demostrado la experiencia, gravar el patrimonio de los que más tienen o sus ingresos por trabajo, tienen un impacto fiscal irrelevante. Siempre ha sido así y seguirá siendo así mientras no erradiquemos de nuestro sistema político la corrupción estructural en la que son precisamente esos ricos los que mandan; lo de pretender castigar a los ricos por serlo se ha demostrado una estupidez.

Por otro lado, el segundo grupo de impuestos será repercutido por las grandes corporaciones tecnológicas, por los fabricantes de plásticos o por los de refrescos azucarados, sobre el consumidor, el ciudadano medio.

El Proyecto de Presupuestos presentado por Sánchez e Iglesias es, simplemente, una chorrada. Sus previsiones de ingresos, sus generosas disposiciones para diferentes fines sociales y hasta la supuesta recuperación económica del país en los próximos años son un auténtico disparate. No es que las cuentas no cuadren, simplemente son una tontería.

Como hemos insistido siempre, va a dar igual el signo político del Gobierno: mientras no terminemos con la corrupción, mientras el poder financiero sea el gobierno fáctico del país, no habrá nada que hacer.


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