Editorial

El precio de las migajas del verano

Incidencia del virus en Marbella a 28 de septiembre de 2020.

Ahora que en Marbella nos acercamos a un confinamiento que probablemente será más un consecuencia fáctica de los errores cometidos que el producto de un marco legal específico, aquellos que animaban en junio a la rápida salida del confinamiento y aprovechar la temporada de verano deben hacer balance para determinar si ha valido la pena.

Y corresponde primero a las autoridades públicas, tanto municipales como provinciales y autonómicas, embarcadas en una campaña tan estúpida como falsa para vender aquella sandez del destino turístico seguro, que era tanto como garantizar la supervivencia cuando se juega a la ruleta rusa.

Es cierto que esa ansiedad por reactivar la economía aqueja a casi todos los responsables políticos de todo signo, incluso la ministra Reyes Maroto volvió a sacar ayer el tema en la reunión de titulares de Turismo de la UE, proponiendo, de nuevo, la entelequia de medidas comunes para que se puedan realizar viajes turísticos de forma “segura”.

Fuimos muchos los que, en su momento, advertimos de que no existe tal seguridad, que lo de abrir fronteras y animar a la movilidad para evitar el fiasco turístico, no iba a funcionar.

Los múltiples certificados de “seguridad” que se han inventado las administraciones públicas, ante una pandemia como esta, tienen el mismo valor que el título de propiedad de una parcela en Marte y los muchos millones gastados en chorradas, como la de contratar a un montón de gente para pasear por las playas durante el verano, a 1.900 euros/mes netos, solo ha servido para hacer un poco más felices a los agraciados en esa tómbola organizada por lo público en la que siempre son los mismos los que parecen llevar los boletos ganadores.

A pesar de que ya a principios de agosto los datos apuntaban al desastre, los gobernantes de la autonomía, la provincia y la ciudad, seguían ajenos a la realidad de los números, sordos ante los truenos que anunciaban tormenta, cegados por lograr salvar lo imposible del maná turístico.

El resultado de esas imprudencias vamos a empezar a padecerlo a partir de ahora, con un creciente corsé de restricciones que nos someterán a un confinamiento de hecho sin necesidad de utilizar el Derecho.

Teniendo en cuenta el nivel de contagios en la provincia de Málaga (945,4 contagios por 100.000 habitantes) y en Marbella (en la imagen), a la hora de hacer balance lo que hay que determinar es cuánto nos van a costar las migajas que el turismo ha dejado este verano.


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