Editorial

No servirá para reducir la pobreza

El ingreso mínimo vital era una de las condiciones del pacto de gobierno exigidas por Iglesias.

El ingreso mínimo vital aprobado ayer no servirá para reducir la pobreza sino, únicamente, para incrementar la arrogancia del ya soberbio vicepresidente Pablo Iglesias. Más aún, el concepto en sí y el reconocimiento de su necesariedad es, a la vez, el reconocimiento del fracaso del Estado social del que habla la Constitución.

Esa renta mínima, que será compatible con otras de la misma naturaleza a nivel autonómico, ni tan siquiera está pensada para reducir el vergonzoso nivel de pobreza que existe en nuestro país. Es obvio que cuatrocientos y pocos euros mensuales no van a sacar de pobre a un adulto que viva solo si no tiene otro ingreso.

Por eso, el objetivo enunciado durante la rueda de prensa de ayer por el ministro de Inclusión, Seguridad Social y alguna cosa más, José Luis Escrivá, de que esta ayuda pública coadyuve a que las personas que la reciben salgan de la situación de necesidad, ha fracasado ab initio. Nadie deja de ser pobre con cuatrocientos euros al mes.

De hecho, al final, ese ingreso mínimo quedará reducido a lo que realmente es: una forma más de comprar votos con dinero público. Práctica que, en realidad, no es en absoluto nueva en la política española y en la que, probablemente, Andalucía sea alumno aventajado, cuando no doctorado honoris causa.

Es cierto, no obstante, que cualquier Gobierno se habría encontrado con la misma realidad a la que se enfrenta el de Pedro Sánchez. Lo lógico habría sido justamente hacer lo contrario, en vez de regalar dinero, incentivar la creación de empleo y las contrataciones, bonificando a los empresarios costes o poniendo a su disposición como créditos blandos esos tres mil y pico millones de euros anuales que nos va a costar la broma.

Habría sido lo lógico. Pero lo cierto es que las pruebas que se han hecho en esa línea indican que la lógica y la honestidad no caminan de la mano, al menos en este país.

Desde una banca que ha boicoteado, y sigue boicoteando, iniciativas europeas para hacer llegar al consumidor dinero con el objetivo de reactivar la economía, dinero que se han terminado embolsando o que han utilizado para especular con la deuda pública, hasta un empresariado que ha utilizado con tan mala fe una reforma laboral bien pensada, que ha terminado convirtiéndola en una herramienta para fabricar pobres con nómina.

El ingreso mínimo vital no reducirá la pobreza y supondrá un dispendio que no podemos pagar.

Si bien, hay que reconocerle a Pablo Iglesias el mérito de que, al menos, esta vez la pasta no se la quedarán los mismos de siempre.


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