Editorial

No solo es cierto, es obvio

El ministro de Consumo, Alberto Garzón.

No tiene sentido el malestar que han provocado entre los profesionales del turismo las declaraciones del ministro de Consumo, Alberto Garzón, cuando esta semana comentó que esta actividad económica tiene escaso valor añadido y produce un empleo de poca calidad. Sencillamente porque es cierto.

El que el turismo se encuentre entre esos sectores productivos de escaso valor añadido no es ningún insulto, es una realidad económica que ni tan siquiera es novedad, sino un clásico en esa ciencia.

Las numerosas críticas hacia las palabras del ministro por parte de varios representantes de sectores profesionales asociados al turismo, parecen proceder más de la interpretación errónea de unas declaraciones que fueron realizadas desde la perspectiva de la Ciencia Económica -no hay que olvidar que Garzón es economista- y en base a conceptos económicos a los que el turismo se adapta como un traje hecho a medida.

Las pasiones, o el desconocimiento, de quienes han criticado las palabras de Garzón, no cambian la realidad: el turismo es una de las actividades económicas que aporta menor valor añadido, que es la utilidad adicional que tiene un bien o servicio como consecuencia de haber sufrido un proceso de transformación.

Además, como también dijo correctamente Alberto Garzón, el empleo que crea es de escasa calidad, ínfima en realidad desde que se aprobaran las reformas laborales. No es por casualidad que el 52% del empleo andaluz se concentre precisamente en sectores de bajo valor añadido, entre ellos la hostelería, el comercio, la pesca, la ganadería, las administraciones públicas o los servicios sociales.

De hecho, en su corta historia, el turismo ha sido considerado por la Economía como un sector destacable solo para países en vías de desarrollo y, a pesar de los innegables ingresos que produce, poco relevante para las economías desarrolladas.

A decir verdad, el ministro se quedó corto porque hasta hace pocos años la Ciencia Económica clásica, precisamente por su escaso valor añadido, apenas se paraba a considerar aspectos como el efecto inflacionista que produce en los destinos, origen de los procesos de gentrificación que estamos sufriendo hoy en nuestras carnes, o el impacto medioambiental que está llevando a los grandes destinos a dosificar las llegadas.

Es cierto que Alberto Garzón no se está cubriendo de gloria al frente del Ministerio de Consumo en lo que se refiere a la defensa del consumidor, pero en esta ocasión se limitó a constatar una obviedad.


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