Editorial

Roma empieza a oler a quemado

La oligarquía política europea, incluyendo por supuesto la nuestra, se empecina en seguir ajena a la realidad social de la parte del mundo que gobierna, a pesar de que es, precisamente, la arrogancia con la que ignora al ciudadano la que acabará con ella.

Aún no hemos oído a ninguno de los privilegiados que viven del lucrativo chiringuito montado en torno a lo público reconocer que esto no puede sostenerse y que los indicios ya no son solo de descontento sino también de rebelión.

Lo lamentable es que, probablemente, pocos son los cortesanos de estos reinos de taifas que se han parado siquiera a pensar en que Roma no arde todavía, pero empieza a oler a chamuscado.

Los chalecos amarillos en Francia, o el que simples agricultores y ganaderos se enfrenten de modo tan violento con los antidisturbios aquí en España, son solo las primeras antorchas arrojadas a los muros del castillo detrás de los que se protegen estos nuevos señores feudales. Son solo los primeros conatos de rebelión.

Por cierto, si los antidisturbios se hubieran empeñado con los secesionistas catalanes con la mitad de la violencia que utilizaron contra agricultores y ganaderos, seguro que nuestro chantajeado presidente habría abierto un montón de investigaciones para “depurar responsabilidades”. En este país, la mano armada del poder siempre ha sido arrogante con el débil y débil con el arrogante. Sacar a Franco de Los Caídos no ha sido suficiente para cambiar la forma de gobernar.

Y aún más preocupante que los indicios de rebelión son los que apuntan a ese alzamiento electoral que se está produciendo en varios países de Europa y frente al cual, con su habitual torpeza, la oligarquía política, acomodada a ver el mundo desde las almenas, pretende establecer “cordones sanitarios”.

Se trata de los llamados partidos de extrema derecha o fascistas que resurgen en la UE, porque los de extrema izquierda, a pesar de ser antisistema, son aceptados en esa lucrativa corte.

Sin embargo, los errores de cálculo de los estrategas del negocio de lo políticamente correcto en relación con estas formaciones son de tal magnitud que invitan a pensar, más que en ignorancia, en desinterés por parte de quienes verán sus privilegios amenazados.

Estos partidos no son de extrema derecha, son de "extremo cabreo" ciudadano y el pretender amordazarlos dentro de cordones sanitarios solo está consiguiendo una sublevación aún mayor ante la manifiesta inconstitucionalidad y despotismo con el que están actuando los que presumen de constitucionalistas y demócratas.

Son muchos los millones de votos que la privilegiada oligarquía política pretende amordazar con esos cordones sanitarios y, sin duda, es también la mejor forma de cabrear más a ese creciente número de ciudadanos al que parecen querer empujar desde la sublevación ideológica a la rebelión activa.


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