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Lunes, 25 de Marzo de 2024

Si algo demuestra la estrategia de defensa que están empleando tanto el PSOE como el PP de responder a las acusaciones de corrupción con ese “pues tú más”, es que ambos admiten tácitamente que son organizaciones estructuralmente corruptas.

Y si atendemos a los otros casos que afectan a otras formaciones, más esas prácticas que, aunque legales son moralmente corruptas, caso de las llamadas “puertas giratorias”, no queda más opción que concluir que la corrupción ha infectado a nuestra clase política.

Sin embargo, y a pesar de que populares y socialistas se pasan el día arrojándose a la cara los recíprocos escándalos de corrupción, siguen evitando el problema y, bien por casualidad, bien por acuerdo tácito, mantienen el pacto de silencio, la “omertá” mafiosa, a la hora de hablar sobre la financiación de sus respectivos partidos, que es donde está el origen de esta enfermedad que está devorando las entrañas de la democracia española.

Ambos saben que el germen de la corrupción política en España está en ese poder económico que financia unos partidos convertidos en extensiones empresariales del que paga. Y esa es la razón de que ningún gobierno, sea del signo que sea, gobierne para el ciudadano y tenga que hacerlo, lógicamente, en beneficio de ese poder económico que, al fin y al cabo, es el que pone la pasta para mantener el statu quo privilegiado de una oligarquía política cada vez más distante de la realidad social.

Es el problema de fondo de la corrupción: destruye las instituciones que infecta y se extiende con tanta facilidad como el coronavirus.

Tampoco es casualidad que PSOE y PP ni se planteen la posibilidad de sentarse a hablar para crear organismos auditores realmente independientes, siendo evidente que los que tenemos están diseñados para que no puedan hacer su trabajo.

Empezar a luchar en serio contra la corrupción política ya existente exige políticos honestos, auditores de verdad y sanciones especialmente severas tanto para el corrupto como para el corruptor.

Y prevenir la corrupción política futura exige separar ese poder económico del poder político.

La oligarquía financiera que empezó a formarse en España a partir de los años 80 bajo la protección de todos los gobiernos desde los de Felipe González, es el auténtico cáncer de este país.

Demasiado poder económico en muy pocas manos que no ha tenido problema para colocar a sus títeres en el poder político. La tormenta perfecta de la corrupción.


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