Opinión

Esa extraña obsesión municipal por el ruido

El Ayuntamiento ha abierto el plazo para que los artistas callejeros soliciten la autorización municipal.

Extraña fijación la del Ayuntamiento por llenar de ruido las zonas más visitadas de la ciudad al perseverar en su empeño de impedir el quieto disfrute salpicando calles y plazas con músicos estratégicamente colocados.

Esta fijación municipal no debería contenerse en un decreto, ni denominarse “Plan de aprovechamiento especial de la vía pública para artistas callejeros”, sino que tendría que tratarse de un plan de despliegue táctico clasificado como secreto y denominarse de modo más castrense y contundente.

Llamarse algo así como “Operación dolor de cabeza”, y definir su objetivo estratégico en lograr que ciudadanos y turistas disfruten de cuantos menos momentos de paz y tranquilidad, mejor.

Aunque les cueste creerlo, no es que tenga nada personal contra los músicos, si bien admito que cuando intento mantener una conversación con alguien en una terraza, mientras a pocos metros me machaca un tipo dando voces con una guitarra y un amplificador, pasa fugazmente por mi mente la idea del fusilamiento al amanecer. Figura de la justicia militar que, por cierto, denota enorme crueldad pues obliga al condenado a darse un madrugón el último día de su vida. Y eso es de ser mala persona.

Lo cierto es que, con todas las jornadas, cursos, congresos, networkings, meetings de naturaleza varia y simposiums que se realizan anualmente en esta ciudad, aún no se le ha ocurrido a nadie organizar uno sobre el silencio y la quietud como símbolos de calidad de vida y, de paso, obligar a matricularse en él a cualquiera que pretenda presentarse a las elecciones municipales.

Esto, además, contribuiría a acercar ligeramente la acción política a ese objetivo siempre nombrado y tan pocas veces perseguido de la Marbella destino turístico de alto nivel.

Como ya he dicho en alguna ocasión, el silencio y la tranquilidad son lujo, sobre todo cuando hablamos de turismo.

Para no complicar la cosa, me saltaré las incógnitas relacionadas con las formas jurídicas de esta extraña iniciativa, sobre si los artistas deben ser autónomos, sobre quién debe pagar el iva de los ingresos que reciben o si la responsabilidad municipal es mancomunada o solidaria cuando el artista no sea de los virtuosos y provoque crisis nerviosas o cardíacas entre los que, a pesar de todo, intentan vivir o visitar esta ciudad.

Insisto en que no se trata de que la música esté mal, lo que está mal es sacarla de su sitio natural. No te vas a una cafetería si quieres darte un hidromasaje, te acercas a un spa. Pues esto viene a ser lo mismo.

Se los podrían llevar a la Cantera, a hacer de teloneros en Starlite o algo así, o montar conciertos en El Cable. La gente que va a esas cosas sí va a oír música.

Además esta iniciativa municipal es en sí misma una auténtica contradicción, cuando son precisamente sus ordenanzas, y la norma autonómica, las más restrictivas a la hora de permitir la música, sobre todo en vivo, incluso en locales cerrados.

Los propietarios de los bares del centro que hayan intentado conseguir autorización para tener música en vivo en sus locales o para colocar altavoces en las terrazas, se estarán preguntando si lo de tratar de atenerse a la farragosísima legalidad española y estar cocido a impuestos está ahora sancionado.


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