Opinión

Irán es mucho Irán

Imagen de un drone iraní similar a los que pudieron utilizar los huthíes en los recientes bombardeos sobre Arabia Saudí.

No hace falta ser muy listo para intuir que lo de la subida del barril de petróleo por los bombardeos de los huthíes sobre las dos refinerías de Arabia Saudí se trasladará rápidamente a los combustibles y que los ciudadanos comunes y corrientes volveremos a pagar los platos rotos.

Es muy probable también que, de paso, hagamos aún más rico a algún banco o fondo de inversión que haya estado ágil a la hora de especular con los precios del crudo.

Ambos extremos parecen inevitables. Aunque de ahí a que el presidente de Estados Unidos esté ya relamiéndose pensando en que tiene una excusa para atacar Irán, hay un salto grande, enorme.

Rápidamente, demasiado rápidamente, Mike Pompeo, secretario de Estado norteamericano, ha acusado a los iraníes de ser los autores de los bombardeos sobre las instalaciones petrolíferas saudíes, para los que se habían utilizado drones armados. Aseguraba tener fotos que lo probarían y que los vuelos procedían del mismo Irán y no de Yemen.

No obstante, como en otras ocasiones, ni las fotos hechas públicas demuestran nada, ni se ha aportado prueba alguna del recorrido que hicieron los aparatos no tripulados.

Por lo demás, no tiene demasiado sentido que Teherán lance un ataque directo contra el principal aliado de los EEUU en la zona, cuando puede hacerlo a través de las milicias huthíes de Yemen. Y aunque es muy probable que los drones y misiles utilizados para perpetrar los ataques sean “made in Irán”, ese no es motivo -ni conviene considerarlo como tal- para bombardear el país de los ayatollahs. Imaginen a los huthíes o a los iraníes bombardeando Cádiz porque las corbetas saudíes construidas en Navantia están machacando Yemen, cosa que, sin duda, sucederá.

Es cierto que, en lo que se refiere a política internacional, Donald Trump se jacta de ser el “broncas” del recreo y que le chiflan las bravuconadas y lo de amenazar con su capacidad militar. Pero Irán es mucho Irán y la comunidad chií muy amplia en todo el mundo musulmán.

Como país, sus fuerzas armadas no son para reírse de ellas, y su arsenal militar tampoco. Tiene a Rusia y a China como principales proveedores militares; los Pasdarán, la Guardia Revolucionaria, tiene experiencia militar actualizada ya que están combatiendo en todos los saraos a los que algún contendiente les invita y, sin duda, su determinación es bastante más firme que la de cualquier ejército occidental. Con que un ayatolláh llame a la guerra santa en el Golfo Pérsico, ya la tendremos otra vez liada.

Eso sin contar con el impacto que tendría este conflicto sobre la economía planetaria dada nuestra dependencia de los combustibles fósiles y el hecho de que por esas aguas transita la quinta parte de la producción mundial de petróleo.

Además, hay algo aún más importante que todas estas circunstancias pues, aunque ni remotamente los iraníes tienen capacidad para vencer militarmente a Norteamérica, tampoco necesitan hacerlo. Los conflictos más recientes nos están demostrando que la debilidad de la capacidad militar occidental procede, curiosamente, de la opinión pública y de la falta de determinación de nuestros líderes.

Irán puede permitirse un millón de muertos en cualquier guerra sin que le tiemble el pulso al Gobierno de Teherán y sin que la opinión pública diga esta boca es mía. Más aún en una de esas yihad contra los “cruzados” que no causan bajas entre sus filas, sino que crean mártires. Mal rollo.

Mientras, Estados Unidos, como cualquier país occidental, apenas puede permitirse unos cuantos cientos de soldados muertos antes de que comience ese ruido de sables en la opinión pública que precede siempre al final de la vida útil del gobernante.

Y, como dije poco más arriba, lo único para lo que nuestros políticos tienen determinación es para salvar el propio culo.

Con sus tropas enfangadas en Afganistán desde 2001 y en Irak desde 2003, los presidentes norteamericanos deberían haber aprendido hace ya tiempo que las guerras hoy no las gana el más fuerte sino quien está dispuesto a sacrificar más.

Solo falta que otro presidente de los EEUU salga de nuevo con el cuento de que hay armas de destrucción masiva como excusa para meter por segunda vez la pata.


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