Opinión

Sin ángeles y sin cambios

La modelo Candice Swanepoel durante el desfile de Victoria Secret`s de 2013.

He leído que la nueva inquisición de este oscuro medievo también se ha llevado por delante el famoso desfile de la marca de lencería Victoria's Secret y sus conocidos "ángeles". Al parecer, desde que surgió esa nueva religión norteamericana que es el "me too", hasta las modelos de la firma han puesto objeciones a lo del desfile.

Hay que admitir que, en este caso, no podemos echarle la culpa a las acomplejadas feministas de haber dejado sin empleo a otras mujeres culpables de ser guapas, como sí hicieron con las azafatas de las carreras de coches y de motos.

Para acabar con los "ángeles" de Victoria's Secret ha sido suficiente la farsa norteamericana de la corrección política abanderada hoy por la inquisición que supone el movimiento "me too", sobre el que todo el mundo se pregunta, aunque nadie en Hollywood se atreva a hacerlo en publico, por qué todas las denunciantes de abusos y violaciones lo hacen mucho tiempo después, cuando ya han conseguido la fama y, sencillamente, no dijeron "no" cuando les ofrecieron esa misma fama a cambio de un precio.

Ya en otra ocasión y en este mismo espacio eché de menos el que este movimiento, que está tan de moda entre famosas que levitan sobre los mortales, no contara con esa cajera del supermercado que lo es porque su carrera artística se vio truncada cuando se negó a pasar por el aro y prefirió honra sin barcos. Esa legión, que permanece en el anonimato y que no tiene oportunidad de salir por la tele dándose golpes de pecho, es el auténtico "me too".

Y esa frivolidad tan norteamericana de convertir también lo trágico en tendencia, es la que se ha llevado por delante al show de fantasía que celebraba la firma de lencería. Hasta algunas de las modelos que se han hecho inmensamente ricas y famosas gracias a sus cuerpos y a Victoria Secret's, se han puesto profundas y se han quejado de los roles que les impone la sociedad por ser tan divinas y tan estupendas. Probablemente alguna habrá visto truncada su carrera como cajera de ese supermercado por lo de ser supermodelo. Debe ser duro para unas jóvenes que cobran cantidades millonarias por algo tan estúpido como es lucir ropa, aunque sea poca.

Si bien, yo no me autoflagelaría dándole vueltas a eso; otros ganan mucho más dinero por darle patadas a una pelotita y nadie lo discute. Para uno de los pocos sectores profesionales donde la mujer lleva las de ganar, se lo van a cargar ellas mismas en defensa de ellas mismas.

Es cierto que lo de supermodelo está sobrevalorado y que, sin motivo alguno, esas jóvenes se han convertido en iconos para otras muchas chicas que quieren parecer tan estupendas como ellas y, si es posible, llevar sus vidas. Al igual que muchos chavales aspiran a ser Messi o Ronaldo. No hay sorpresas, el nivel de una sociedad está a la altura de los dioses a los que adora. Pero esa es otra guerra.

En todo caso, condenar a una mujer por ser guapa o por utilizar profesionalmente su físico, recuerda a aquella época en la que se quemaba a las brujas por hacer brebajes medicinales con plantas. Esa obsesión feminista por demonizar la belleza femenina es, paradójicamente, machista: Nadie pone objeción alguna a que los actores o los modelos sean guapos, ni a que cualquier hombre utilice su físico para triunfar profesionalmente. Y no conozco a hombres que deseen dejar sin trabajo a un tipo guapo solo por serlo, en todo caso nos gustaría parecernos a él, al menos en lo que a ingresos se refiere.

Cuestión diferente es lo que hablábamos del desfile de Victoria Secret's, para el que, hasta hace poco, había tortas entre las modelos por participar, y entre las famosas por asistir.

Pero la moda también cambia en el mundo del glamour y de la fama, y ahora lo fashion es parecerlo pero sin estarlo: parecer concienciada pero seguir siendo guapa, rica y famosa. Removerlo todo para que todo siga igual.

Es poco probable que terminemos viendo a las modelos de Victoria Secret's o las actrices y demás famosas del "me too" cobrando o reponiendo en un supermercado.


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