Opinión

Una cosa nos lleva a la otra

Se echa de menos más sabor andaluz en la Feria de Día. Los vestidos de faralaes cada vez se ven menos.

La Feria de Día de Marbella continúa siendo una gran idea pésimamente ejecutada. A punto ya de terminar esta edición, un año más las delegaciones municipales involucradas en su desarrollo vuelven a cometer los mismos errores, infrautilizando la capacidad de esta fiesta patronal como atractivo turístico y como generadora de recursos económicos.

La celebración en el Parque de la Alameda y en la Avenida del Mar no ha cambiado en los últimos años, lo que debía ser una tradicional fiesta de una ciudad andaluza vuelve a convertirse en la que probablemente sea una de las ferias menos andaluzas de Andalucía, al reproducir año tras año el formato de insoportable follón de músicas diferentes tronando a la vez. Una especie de olimpiada de los decibelios en la que las casetas pugnan por que sus altavoces liberen más ruido que los del vecino.

Al insoportable y confuso jaleo al que es sometido el visitante, hay que sumar el nutrido grupo de músicos contratados que parecen ajenos al dato de que se trata de las fiestas patronales de un municipio andaluz y no de una reproducción minimalista del Carnaval de Río, a base de ritmos latinos y de música pachanguera. Mucha bachata y reguetón y muy poco sabor andaluz en una celebración que recuerda más a un estand de Fitur que a una feria de día.

El Ayuntamiento mantuvo un año más el error de no poner un poco de orden y mucha más uniformidad en materia de música, empezando por recordar a las barras que estamos en Andalucía.

Y una cosa nos lleva a la otra, porque si la música no acompaña, tampoco invita a que los vestidos de faralaes llenen las calles de la ciudad y, en consonancia, han sido muy pocas, creo que cada año menos, las mujeres que se han animado a enfundarse en el traje. Menos aún por nuestra parte; el número de hombres ataviados de corto es tan excepcional que debería contar con algún tipo de programa de protección de la Junta como si se tratara del lince ibérico.

Orquestar algunas medidas incentivadoras -descuentos, precios o invitaciones en casetas y barras, por ejemplo- para que la etiqueta acompañe a la celebración podría servir para animar a que parezca un evento andaluz.

De nuevo, una cosa nos lleva a la otra: el casi nulo impacto turístico que tienen estas fiestas, al menos entre los extranjeros que nos visitan. Solo unos pocos que se encontraron con la feria por casualidad se aventuraron a ella; con aire inseguro algunos preguntaban qué se celebraba y si se trataba de un evento privado o podían participar.

El absoluto desconocimiento por parte de los visitantes no nacionales sobre estas fiestas patronales clama una solución que debería empezar por que la Delegación de Fiestas imprimiera para esta semana folletos informativos en diferentes idiomas explicando mínimamente de qué va esto. Colocarlos en hoteles y restaurantes, y entregarlos en mano a aquellos extranjeros que pasean por el centro en estos días podría ayudar bastante y, probablemente, el saldo económico final de la Feria también lo agradecería.

Y, por si alguna autoridad municipal conserva aún algo de espíritu crítico que le permita sustraerse a la constante y estúpida repetición del dogma de “qué bien estamos, qué bien lo hacemos”, lo de pegarle un repasillo a las barras instaladas en la calle y ennoblecer un poco el deplorable aspecto que ofrecen no parece equivocado. Seguir todavía con el formato de barra y toldo regalado por cervezas fulanito y menganito, desmerece un evento de ese nivel.

En resumen, la Feria de Día merece más, puede ofrecer mucho más y debe ser mucho más que esa única obsesión por la seguridad que no se soluciona a base de agentes con fusiles de asalto que difícilmente podrían utilizar en un escenario como el que nos ocupa. A las distancias de enfrentamiento urbano, un proyectil del 5,56x45 NATO atravesaría a varias personas antes de detenerse, y sin distinguir entre buenos y malos.

En fin, lo de llenar todo de policías está muy bien, y la seguridad es esencial; en realidad es de los pocos capítulos donde se ha logrado el objetivo, pero no es ni suficiente ni lo único para sacarle a estas fiestas todo el rendimiento que pueden ofrecer.


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