Milton

Cuando seamos caribeños

Pues conozco a uno que el otro día comentó que esto de las tormentas de primavera con lluvia de barro es porque nuestro clima está cambiando y cada año se acerca más al propio del Caribe.

Y no crean que para mí pasó inadvertida esa perspicaz reflexión, porque la verdad es que hasta ahora yo pensaba, como todo el mundo, que los sorpresivos chaparrones de barro se producían cuando, en algún avión que nos sobrevolaba, tiraban de la cadena en el cuarto de baño. En los vuelos low cost te dan un zumo de naranja que tiene un amplio espectro laxante. Se pone uno malísimo.

Pero tras escuchar esta nueva hipótesis meteorológica, empecé a comprobar que, efectivamente, cada vez se aprecian más indicios de esa mutación caribeña. De entrada, sospecho que aquellos a los que creíamos senegaleses que venden las falsificaciones en el Paseo Marítimo, son en realidad cubanos, probablemente quintacolumnistas infiltrados por los comunistas para hacerse con el poder.

Por eso Raúl Castro ha cedido la Presidencia en Cuba, porque lo que quiere es presidir España. Si me apuran, para mí que lo que de verdad pretende es ser rey, así te evitas el peñazo de tener que dar explicaciones en el Parlamento.

Otro indicio de la mutación caribeña de nuestro entorno es el de la pasada Semana Santa, que vi un trono portado solo por negros. De hecho se lo comenté a un amigo capillita que me dijo que eso era imposible, que no lo habría visto bien y sería que llevaban túnicas y capuchas negras.

Bien, pero ¿qué impide que sean negros vestidos de negro? También hay nazarenos blancos vestidos de blanco. Este mucho capillita pero, en realidad, un racista que niega la posibilidad de ser cofrade a personas de color.

Y otro indicio inequívoco es el de los teléfonos de atención al cliente, que el otro día me llamaron de un operador telefónico y era una joven que hablaba como en las series venezolanas.

Pues le pregunté si era una caribeña exuberante de curvas voluptuosas y me contestó que era caribeña, pero no exuberante ni de curvas voluptuosas.

Lo sabía, con la suerte que tengo fijo que nos invaden, nos hacemos cubanos y me toca la caribeña más esmirriá de la isla.


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