Milton

La mediocridad es un chollo

Les digo una cosa, en el mundo de hoy tenemos un miedo injustificado a la mediocridad, tanto que hasta los educadores, cuando se encuentran con algún joven alumno que es un marrón con patas, no dicen de él que es mediocre sino que tiene problemas de autoestima.

Pues se equivocan, la mediocridad es un nirvana existencial. Desde siempre he sido enormemente mediocre y ya siendo un chaval me di cuenta de que lo de no destacar en nada era una gran virtud. Todo el mundo sabe hacer bien algo, lo que sea, y cuando toca, pues viene aquello de “eso que lo haga Fulanito que se le da muy bien” o “que cocine Menganito que tiene buena mano”.

Rápidamente comprendí que, para cumplir mi objetivo vital de no pegarle un palo al agua, tenía que perseverar en lo que mejor sé hacer: nada.

Mis papás jamás me dijeron que sacara la basura, paseara al perro, ayudara a mis hermanos o que limpiara la piscina. Como buen mediocre, yo no sabía hacerlo. Sin embargo, tenía un vecino que era justo lo contrario. Tan voluntarioso que, a pesar de no tener piscina, se venía a limpiar la nuestra para saber hacerlo cuando ascendieran a su papá y pudieran permitírsela. Por supuesto, eso jamás sucedió, su padre era mi maestro Yoda de la mediocridad.

Siendo joven, ser mediocre era un chollazo. Si eras el guapo de la clase, el empollón, el rico o el simpático también eras esclavo de tu propia imagen y tenías que superarte cada día para mantener a las valkirias interesadas y, evidentemente, no podías permitirte que te dieran calabazas. La existencia reducida a una constante campaña de marketing.

Yo era el único de la clase que, en mi manifiesta mediocridad, podía proponerles cosas guarrunas inenarrables a mis compañeras de pupitre y babear con lascivia sin disimulo con casi tanta impunidad como un político trincón.

Recuerdo que haciendo la mili a todo el mundo le encargaban penosas tareas porque estaban cualificados para hacerlas, mientras que a mí siempre me daban la orden de sentarme y no molestar. Nunca mandan a un don nadie a atacar la trinchera enemiga. Por eso Rambo ha pringado tanto, por ir de enteraíllo.

Y con el banco ni les cuento, que si entras en la sucursal con ese aire de suficiencia que muestran los que son solventes, están todos los clientes rezando para que te equivoques en algo, te arruines y así poder machacarte. En mi caso, los de Abarca y Devora Ltd. Bank solo me llaman cuando no estoy en números rojos por si algo va mal. En realidad solo sucedió una vez hace unos años, que fue cuando me enteré de que había números de otros colores.

Mis amigos siempre me decían que siendo tan mediocre jamás lograría enamorar a una buena chica que luego quisiera casarse conmigo. Y confieso que así fue. Al final tuve que conformarme con muchas malas que solo deseaban colmar su insaciable lujuria con mi cándido cuerpo. No todo iban a ser ventajas


Valora este artículo
(2 votos)

Comentarios potenciados por CComment

Más en esta sección de Milton

¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto

Utilización de "cookies"

En general, las cookies son archivos que se guardan en su navegador con diversos propósitos conteniendo parámetros y datos relativos a las webs que visita, pudiendo ser recuperados posteriormente por las mismas en el momento de volverlas a visitar.

Sietediasmarbella.com utiliza estas cookies asociando únicamente el navegador de un ordenador anónimo determinado y no proporcionan ni guardan por sí mismas ningún dato personal.

Sietediasmarbella.com no lee los archivos cookie creados por otros proveedores o sitios web y sólo almacena preferencias relacionadas, por ejemplo, con el navegador, visualización de la web o idioma seleccionado (en su caso), con el único propósito de facilitar la navegación a sus visitantes.

Para su información, el usuario siempre tiene la opción de configurar su navegador para ser avisado en pantalla de la recepción de cookies en cada momento, e incluso para impedir el almacenamiento de cookies en su disco duro. Puede consultar la ayuda de la configuración de la privacidad de su navegador para saber cómo hacerlo.

Para utilizar sietediasmarbella.com, no es necesario que el usuario permita la instalación de las cookies, pero ciertas funciones y facilidades podrían no estar disponibles.