Milton

La amenaza de la Navidad

Al igual que el Ministerio del Interior ha dado una serie de consejos para sobrevivir esta Navidad a un atentado terrorista, algo que resulta muy tranquilizador, yo les voy a dar otros consejos para sobrevivir a la amenaza que es la Navidad en sí misma.

Es cierto que algunos capítulos de mi manual de supervivencia coinciden con los de Interior porque, al fin y al cabo, los hechos dramáticos y violentos son todos de la misma naturaleza.

Por eso, tanto ante un ataque yihadista como ante la Navidad, lo mejor es huir si hay oportunidad. Si no la hay, corra despavorido en círculos mesándose los cabellos para que todo el mundo vea que es consciente de la fatalidad de su destino.

También es conveniente, ante ambas amenazas, salir armado a la calle, preferiblemente con una escopeta del 12 de cañones recortados que, aunque provoca enormes daños colaterales entre los inocentes, ofrece considerables garantías de acertar a los malos. Y es buenísima para que te dejen colarte en los sitios si hay mogollón en la entrada.

Si hay que ayudar a otros civiles a escapar del peligro, elija siempre a valkirias exuberantes con grandes prótesis de silicona que, aunque voluminosas, pesan poco. Entonces te la echas al hombro y, ale, pa la cueva, que luego están tan agradecidas porque les has salvado la vida, que si no triunfas es para que te retires a un monasterio cisterciense.

Otra cosa, en el caso de la amenaza navideña, si un desconocido gordo vestido de rojo le ofrece caramelos y le dice que le va a hacer regalitos, propínele un contundente puntapié -sirve una patá de las de toda la vida- en sus partes íntimas, que cada vez hay más pervertidos por ahí.

Pero, atención, si siendo Navidad se cruza con barbudos ataviados con túnicas y turbantes que blanden fusiles de asalto mientras gritan en idiomas propios de infieles, entrégueles su carta antes de dispararles con la escopeta del 12, porque si te equivocas y te cargas a los Reyes Magos sin haberles dado la carta, te quedas sin regalos fijo. Lo sé porque le pasó a un amigo mío.


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