Milton

Víctima de las envidias políticas

Qué contrariedad, mi plan para hacerme con el poder no ha funcionado. Y eso que, como en cada convocatoria electoral, eché el sobre en la urna con las 500 papeletas con mi nombre, un ticket de la ORA, una tarjeta invitación para un 2x1 en un conocido table dancing y los 5 euros de rigor para el presidente de la mesa.

Precisamente por esto incluía yo en mi programa político lo de recuperar el pundonor y la honorabilidad perdidas, además de, por supuesto, la educación. En mi época, cuando corrompías a empleado o autoridad pública, agradecían el gesto, porque “es de bien nacido ser agradecido”, como afirma el sabio refrán español. E incluso cuando te discutían el monto de la dádiva, se hacía con ese savoir faire que siempre ha caracterizado al distinguido delito que es el cohecho.

Es cierto, no obstante, que en esta campaña electoral me ha pasado, además, lo mismito que a los de Vox: que el poder mediático ha cerrado filas contra mí para impedir que, tanto el oligopolio político como el mediático mismo, vieran amenazado su actual statu quo por mi innato, carismático y preclaro liderazgo.

Y les advierto que fui yo el primero en ofrecer como punto programático una salida negociada al tema de los independentistas catalanes, ofreciéndoles el derecho a elegir libremente entre ser diezmados por los nuevos carros Leopard de la Brunete -muy chulos, por cierto- o por el preciso ataque de drones armados con misiles Hellfire. Personalmente sigo prefiriendo el fusilamiento al amanecer por aquello del romanticismo, pero con tanto moderno que hay ahora seguro que elegían los drones porque lo habían visto en la tele.

También soy el autor intelectual del plan de empleo para menores de 25 años, con el nuevo tipo de contrato en el que pagas a la empresa por trabajar y de esa forma se incentiva el consumo. Y del no menos brillante proyecto de vivienda social, que incluía la instalación de poblados indios, donde los residentes habitarían en tiendas en plan "Bailando con Lobos", y los especuladores inmobiliarios harían de caballería de la Unión y arrasarían el lugar para luego construir apartamentos turísticos a precios prohibitivos. Qué gran guión.

Las ruines envidias de políticos necios y mediocres es lo único que me impide llegar a La Moncloa y a Hollywood.


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