Milton

El Nuevo Mundo

Tras vender el Milton Palace he sido acogido por un amigo en su casa del Casco Antiguo donde, no solo estoy aprendiendo cosas importantes, sino que, además, he tomado conciencia de la obligación que tengo como descubridor, tanto hacia la Historia como hacia la grandeza del imperio.

Lo primero que me he dado cuenta desde que me he trasladado al centro de Marbella es que ya no tengo claro si prefiero que me despierten al amanecer los tenistas coñazo de la Golden Mile o las campanas de la iglesia próxima. Y miren que ya me lo intentó advertir ese otro gran escritor y periodista que fue Ernest Hemingway, al mencionar los versos de John Donne que dicen, “nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”. Seguro que se le acabó la tinta cuando iba añadir lo de “pa que te des el madrugón, so pardillo”. El bueno de Ernest, siempre tan sutil.

Eso cuando en estas tierras no toca celebración, ágape, homenaje o festejo folclórico que, curiosamente, siguen casi el mismo protocolo que los fusilamientos: se realizan al amanecer, en presencia de representantes tanto de la autoridad eclesiástica como de la civil y militar. A los sones del himno nacional, que obligan a saltar de la cama en posición de firmes, culminando el solemne acto con el lanzamiento de cohetería y otros fuegos de artificio que, para aquellos que intentamos dormir, resuenan como deben sonarle los disparos del pelotón al fusilado.

Lo segundo y no menos importante que he aprendido durante mi estancia en estas tierras, es el trato con los nativos.

Las cuentas y abalorios que traía para intercambiar con ellos no han sido de gran utilidad. De hecho, desprecian mis ofrecimientos y siempre reclaman una cantidad cierta en euros por cada cervecilla que me tomo. Y eso que voy provisto de coraza, yelmo y porto regio estandarte cuando procedo a la conquista de tierras inexploradas, como indica el manual de Hernán Cortés que pedí a Amazon.

En los próximos días comenzaré mi labor de proselitismo con el ánimo de convencer a las voluptuosas nativas que, provistas únicamente de sucintos bikinis se muestran sin pudor alguno en las playas del litoral, de que una talla más pequeña siempre favorece mucho.

Es duro, pero nadie dijo que descubrir nuevos mundos fuese tarea fácil ni labor para débiles de espíritu.


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