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Milton

La gripe

Qué fatalidad, estoy malísimo, plagado de enfermedades mortales que, ante la dramática inevitabilidad de mi destino, me obligan a aferrarme a la vida, invitándome a sacar todo el jugo a mis últimos momentos sobre la faz de la Tierra.

Y esto me pasa todos los años cuando pillo la gripe, pero las valkirias exuberantes han espabilado mucho, para mí que por lo de Twitter, y ya cuando les propones lo de sacarle el jugo a los últimos momento haciendo cosas guarrunas inenarrables, te sueltan la inevitable guantá de salirte los piños en plan “mariquita el último”.

No obstante, hay que vivir la gripe desde un punto de vista zen, más positivo, siguiendo esa máxima de la Agencia Tributaria que dice “deja para mañana lo que puedas pagar hoy y te clavamos el 20% de recargo”. Aunque admito que años atrás yo no tenía esa actitud ante la vida, que una vez, aprovechando que tenía gripe, invité a una gachí voluptuosa a cenar en el Milton Palace con el sano ánimo de contaminarla de virus y bacterias para romper sus defensas y aprovecharme de modo despreciable de su enfermiza debilidad. No salió bien, de nuevo me soltó la guantá. Maldita campaña de vacunación.

A día de hoy me marco objetivos más realistas. Cosas más sencillas pero alcanzables, como sonarme la nariz con los billetes que voy a ingresar en el banco para provocar una pandemia en el sector financiero; también intenté que Frenadol me contratara para irle estornudando a la gente en la cara pero, al final, les pareció un marketing demasiado agresivo. Ya se arrepentirán cuando el mercado acabe con ellos y vayan todos a la calle.

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