Milton

De cómo exhumar lo que haga falta

Les digo una cosa, la maniobra del Gobierno para sacar el cuerpo de Franco del Valle de los Caídos está siendo de una torpeza inenarrable. De hecho, creo que el único en este país que tiene un plan sobre el asunto soy yo.

En primer lugar, con esas prisas, Pedro Sánchez ha olvidado el principio filosófico que dice, “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”, que invita a no resolver los problemas que no tienes porque no servirán para solucionar los que tienes. ¡Virgen María! Profundo me ha salido.

Pero ya puestos a enredar para reescribir la Historia, yo jamás le metería mano a la tumba de nadie sin pedirme antes una nota simple en el Registro de la Propiedad. Imagínate que vas al acto solemne de sacar el cuerpo del dictador del agujero y, ¡zas! te aparece una comisión judicial con una orden de embargo de un banco por un plazo de la hipoteca del Pazo de Meirás que se quedó por ahí colgando. Embarazoso a tope.

Además, yo miraría en el Plan General a ver si hay posibilidad de recalificar el suelo de la tumba. Con el agujero ya casi tienes el parking, y si consigues que te den baja más tres alturas y ático, te haces un edificio de apartamentos tipo Benidorm y te forras vendiéndolos a nostálgicos del régimen.

Se lo digo porque esto lo tengo muy meditado, hasta construiría el edificio cara al sol, con una zona común donde los vecinos, en marcial formación, pudieran arriar bandera al ocaso a toque de caídos. Ya saben, todo muy en plan Ikea.

Había pensado también en lo de vender la tierra de la tumba por internet, pero me lo he replanteado. Imagínate que la pones en una maceta para plantar unos tomates y al mes te brota un Franquillo. Un susto.

Otra cosa, si yo fuera Sánchez, me quedaría con el uniforme por si acaso, que con las pocas ganas que tiene el hombre de dejar La Moncloa, lo mismo le hace falta para perpetuarse ilegalmente en el poder como todo líder carismático llamado a convertir el país en su cortijo. Aunque grande y libre, eso sí.

Aunque a mí en estas cosas me pueden los sentimientos y no dejo de pensar en cuánto dinero llevaría el dictador en la cartera cuando le enterraron. Imaginen, tomarse las cañas invitado por el general e invicto caudillo. Vamos a dejarlo, que no quiero ponerme romántico.


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