Editorial

Lo advertimos en 2017

Milicianos kurdos del YPG en Siria.

Es una pena que en el Pentágono no tengan la costumbre de leer de cuando en cuando este pequeño diario digital; si lo hicieran le ahorraríamos al contribuyente norteamericano un pellizco importante y a las Fuerzas Armadas de ese país un puñado de muertos.

Desde mayo de 2017 llevamos advirtiéndolo: no era buena idea lo de armar y entrenar a los kurdos para combatir contra el Estado Islámico (ISIS) en Siria, porque lo único que lograríamos sería solucionar un problema creando otro probablemente mayor.

Pero entre las muchas virtudes que sin duda debe tener el presidente de los EEUU no se encuentra la de la capacidad de reflexión, así que hizo justamente lo que nadie que conozca mínimamente el problema independentista del Kurdistán haría jamás.

Lo que advertimos entonces se cumple hoy lunes, 7 de octubre. Donald Trump ha dado esta madrugada la orden a sus soldados de retirarse del norte de Siria ante la inminente ofensiva turca contra las milicias kurdo-sirias que, agrupadas bajo el nombre de Unidades de Protección del Pueblo (YPG), han sido la punta de la lanza de los norteamericanos durante los años de la guerra en Siria contra los diferentes grupos yihadistas, que no solo el Estado Islámico.

La historia se repite: cuando estamos con el agua al cuello, Estados Unidos utiliza a los kurdos y tanto Europa como la OTAN lo aplauden, aunque nosotros sí éramos conscientes de lo que iba a suceder. Cuando esas milicias kurdas ya han hecho nuestro trabajo y se han convertido, de nuevo, en un problema para Turquía, nos lavamos las manos, nos apartamos y dejamos que los turcos maten a unos cuantos miles de kurdos antes de que estos se desperdiguen por los países vecinos y dejen de representar una amenaza secesionista para Ankara y para un presidente Erdogan al que consentimos lo que haga falta mientras su país continúe siendo el muro que nos protege de los del otro lado, empezando por la inmigración ilegal.

Al parecer, los turcos quieren fabricar un área “filtro” en su frontera con Siria, una especie de “muro Trump” con México, pero en vez de rellenarlo de hormigón, Ankara lo llenará con refugiados de la guerra. Una línea de casi 500 kilómetros de larga que serviría, además de para quitarse de encima a los cientos de miles de refugiados de Siria, para contener a las milicias kurdas.

De nuevo nos encontramos con una de esas soluciones de pan para hoy y hambre para mañana tan habituales en esos políticos mediocres e incompetentes a los que nos gusta votar y que tanto nos merecemos.

Las milicias kurdas, como ya advertimos en 2017, están ahora entrenadas y han sido armadas por las fuerzas especiales de los EEUU. Además, cuentan con una amplísima experiencia de combate, por lo que es probable que Turquía se encuentre con la sorpresa de que los kurdos ya no son solo una pandilla de pastores empecinados en independizarse y que los turcos pasen de tener una guerra en el país vecino a sufrirla dentro de sus fronteras.

En lo que respecta a nosotros, los occidentales, volver a traicionar a estos milicianos proveerá a todos nuestros enemigos de combatientes expertos, entrenados y motivados para fastidiarnos la vida. El deseo de venganza es probablemente la mejor motivación para luchar o para convertirse en terrorista.

Por otro lado, lo de hacinar en la frontera turco-siria a varios, muchos, cientos de miles de refugiados para que sobrevivan hasta que dejen de hacerlo, en una zona en la que el Estados Islámico se ha filtrado en todos los estamentos de la población civil, no es ni tan siquiera pan para hoy y hambre para mañana, es sencillamente otra estupidez de dimensiones épicas.


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