Editorial

El show debe continuar

Imagen de Richard Gere durante su estancia en el Open Arms.

Era lo único que le faltaba al show que se ha montado la ONG Activa Open Arms con los refugiados en alta mar, la presencia de una estrella de Hollywood, y para eso estaba Richard Gere, que aparece subido en un enorme yate más apropiado del remake de Pretty Woman que para solidarizarse con lo que toque esta semana.

Evidentemente eran inevitables las imágenes de Richard descargando víveres y repartiendo comida, Richard en el barco, Richard hasta en la sopa y, por supuesto, departiendo en plan coleguita con alguno de los migrantes rescatados del mar. Ahora bien, con gesto adusto, como siendo consciente de qué va esto.

Y lo mejor de los espabilados de Open Arms es que organizan estos montajes propagandísticos con igual maestría que los productores de un concierto de Madonna, con sus propios periodistas embarcados, políticos, actores, deportistas... Todo el que, por la razón que sea, tenga tirón en los medios de comunicación, tiene su momento en el show del Open Arms para dejar constancia de su buenismo con tour solidario por el barco y escena final fotografiándose con los realmente jodidos, que van a seguir estándolo cuando se vaya el famoso. Una coreografía a la que solo le falta el fundido en negro con las letras blancas donde se lea "The end".

Recuerda a aquellos años en que se puso de moda entre los famosos darse una vuelta por Somalia o Eritrea para hacerse unas fotos con algún crío que estuviera machacado por la hambruna.

Lo mismo que cuando en otras ocasiones ha tocado salvar ballenas, osos panda, focas o la capa de ozono, pero ahora con seres humanos, que es siempre una imagen más fácil de vender.

Aunque la cuestionable moralidad de la forma de actuar de la mayoría de ONGs no es punible, lo de la legalidad ya es otro cantar. O debería serlo.

Porque la realidad es, como hemos dicho en otras ocasiones, que esas organizaciones privadas se han convertido en un colaborador inestimable para las mafias que trafican con los migrantes, que su actuación anima a echarse al mar a los que, desde la otra orilla, siguen creyendo que en Europa se atan los perros con longanizas, y que están instrumentalizando determinadas leyes para burlar otras. Utilizan la obligación legal de acudir al rescate de náufragos y de salvar vidas como una coartada para arrebatar a gobiernos elegidos democráticamente el derecho a proteger sus fronteras y, sobre todo, a decidir quién puede entrar en sus países.

Y, aún más, esos profesionales del victimismo subvencionado, que es lo que son esas ONGs, consciente o inconscientemente pero en todo caso de forma irresponsable, están utilizando a los migrantes "rescatados" como escudos humanos tras los que protegerse de las autoridades de todos y de las leyes que nos obligan a todos por igual.

Con toda su cohorte de periodistas y fotógrafos que garantizan la cobertura mediática necesaria para que el Open Arms haga negocio, alguien debería haberle explicado a Richard Gere que sus fotitos solidarias solo animarán a más gente a morir en el mar.

Es obvio que la fama y el sentido común no siempre van de la mano.


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