Editorial

Es el peor momento

Ángel Hernández en una reciente entrevista de televisión.

El reciente caso de Ángel Hernández, el hombre que ayudó a morir a su mujer, enferma de esclerosis múltiple desde el año 89, ha vuelto a poner sobre la mesa el complejo tema de la eutanasia.

Lo que significa, encontrándonos en época preelectoral, que todos los candidatos se han lanzado a pelearse por el hueso y a prometer casi de todo por agradar a todos en relación con el tema.

Como suele pasar en estos casos con asuntos tan complejos como el de la eutanasia, el tema se está tratando en el peor momento, en las peores fechas y por los menos cualificados para tomar decisiones con conocimiento y sentido común, que son los candidatos que aspiran al poder.

El llamado derecho a una muerte digna, al igual que otros asuntos especialmente sensibles como el aborto, deberían ser sacados a debate cuando no sean noticia y por los más expertos profesionales de los que dispongamos en cada una de las materias.

Porque en el tema de la eutanasia, a pesar de las numerosas declaraciones tan irresponsables como carentes de sentido común que han realizado la mayoría de los candidatos electorales, nadie se ha referido a la peligrosa puerta que se abriría si se legalizara el derecho a decidir sobre la propia muerte.

De hecho es muy probable que las reticencias del legislador a la hora de legalizar la eutanasia procedan del temor a que, de nuevo, una ley pensada para una cosa termine siendo utilizada para otra. Que abrir esa posibilidad signifique también abrir la veda en otros muchos casos: en los de personas que piensen que molestan a sus familiares y prefieran dejar de hacerlo, o que suceda al revés y sean las familias las que no quieran cargar con los mayores y/o enfermos y no les desanimen a ejercer “su derecho”.

También por cuestiones económicas, tanto por necesidad, de quienes no pueden mantener a esas personas con cuidados específicos y normalmente caros, como de aquellos enfermos y ancianos que dejarán tras su fallecimiento un patrimonio. El dinero es el móvil más viejo del mundo.

 Es difícil poner objeciones morales a la actuación de Ángel Hernández, pero es más peligroso dejar a una pandilla de ególatras deseosos de poder que abran esa puerta al calor de este triste suceso y en periodo electoral.


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