Editorial

De inquisidores y racistas

Imagen del vídeo.

Como cualquier otra forma de integrismo, la corrección política ha creado su propia Inquisición, con inquisidores y santos oficios, para descubrir, juzgar y sentenciar a los infieles en un "acto procesal" de tracto único.

El video en el que los meapilas de esta nueva fe ven con divina clarividencia un acto de racismo, cuando un vigilante jurado de una estación de tren de Barcelona intenta que un pasajero negro le muestre, sin éxito, su billete, es una buena muestra del último exceso de esta forma de yihadismo occidental que estigmatiza todo lo que no comparte.

En las imágenes, que pueden ver pinchando en este enlace, no se aprecia un acto de racismo más allá del hecho de que un pasajero, dando igual su color de piel, se niega a mostrar al vigilante su documentación tras habérsele requerido el título de transporte con el que, supuestamente, acaba de viajar.

Los que viven subvencionados a base de agitar el fantasma del racismo ante una España acomplejada, se rasgan las vestiduras porque el vigilante jurado empuja al sujeto cuando, en realidad, lo que parece es que intenta que no huya un pasajero que, obviamente, no está dispuesto a enseñar su billete, si es que lo tenía.

Tanto es así que, al final, la cosa termina fuera de la estación cuando el vigilante llama a un mosso que, por cierto, también parece pedirle la documentación al pasajero, a pesar de que sigue siendo negro y sin que se haya cuestionado su actuación.

Por supuesto, los de Renfe, pusilánimes temerosos de provocar las iras de los radicales de lo políticamente correcto, ya han reclamado la cabeza del vigilante, porque el tema ha salido en las televisiones nacionales que, en su carrera perdida ante las redes sociales, vuelven a dar publicidad a lo primero que les llega sin la más mínima reflexión o análisis sobre la veracidad de la información que están facilitando.

Si, además, como aseguran quienes se están rasgando las vestiduras ante este nuevo caso de “racismo” que, de paso, justifica las subvenciones públicas que garantizan la existencia de tanto fariseo, el vigilante solo le pidió el billete al pasajero negro y resulta que acertó, lo que habría que concluir es que tiene un ojo policial único para detectar a maleantes, por lo que no parece lógica su suspensión.

Pero tanto Renfe como la empresa de seguridad se han dado demasiada prisa en mandar a la hoguera a otro pecador y, de paso, hundir su carrera profesional, para calmar las iras de los inquisidores, porque se equivocan.

Los racistas son justamente los que ven racismo en este caso. Diariamente, en toda España, los vigilantes piden el billete a miles de pasajeros que no son negros, sin que aparezca ningún payaso mesiánico dando lecciones de justicia natural.

No hay que perder de vista que la falacia de la “discriminación positiva” también es discriminación.


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