Editorial

El SATE y el espíritu de Fort Apache

Imagen de las nuevas instalaciones del SATE en Puerto Banús.

Lo de que el Servicio de Atención al Turista Extranjero (SATE) haya trasladado su sede desde la Plaza de los Naranjos hasta las nuevas dependencias en el corazón de Puerto Banús tiene una doble e inquietante vertiente.

Por un lado está muy bien eso de que los visitantes extranjeros dispongan de una atención y ayuda en su idioma cuando son víctimas de un delito.

Sin embargo, por otro lado, no tranquiliza el fatalismo que demuestran las tres administraciones públicas y las propias Fuerzas y Cuerpos de Seguridad al dar por hecho, no solo que los turistas continuarán siendo el blanco preferido de los delincuentes sin que nada parezca capa de impedirlo sino, además, que Puerto Banús mantendrá ese espíritu de “territorio comanche”.

De hecho, las mismas dependencias del SATE, rodeadas en gran parte por el vacío de la Plaza Antonio Banderas, recuerdan a ese Fort Apache del lejano Oeste, escasamente vigilado por un reducido grupo de soldados de la Unión; una solitaria construcción que parecía empequeñecida por las inmensas y también vacías praderas que la rodeaban. Baluartes indefendibles de hecho, condenados a ser reducidos a un cúmulo de cenizas y cadáveres sin cabellera tras el asedio de las hordas indias.

Sí es cierto que, evidentemente, el SATE resulta más práctico en Puerto Banús que en un Casco Antiguo donde el índice de criminalidad es -toquemos madera- más reducido que el del nuevo destino. Aunque también es cierto que lo de acercar los servicios asistenciales a las víctimas suena un poco como darles la extremaunción a los que están embarcando en un vuelo para irse de vacaciones.

En fin, asumir que el número de delitos que se van a cometer contra visitantes extranjeros en esa zona de nuestro municipio va a ser lo suficientemente alto como para justificar unas instalaciones dedicadas exclusivamente a asistirles, se antoja un tanto derrotista, práctico pero derrotista.

Sobre todo cuando, además, le ponen horario de sucursal bancaria: de 10 a 20,30 y sábados hasta las 14,30. Lo que lleva a concluir que, o bien los delincuentes tienen ahora convenio colectivo propio para evitar los abusos de la reforma laboral, o bien habrá que explicar a los turistas extranjeros que no se dejen asaltar ni robar en fin de semana.

Y lo del cierre a las ocho y media de la tarde en una zona donde los problemas se producen principalmente de noche, es para nota.


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